EL MAL DE ALTURA O LA ENFERMEDAD DE LOS ANDES

EL MAL DE ALTURA O LA ENFERMEDAD DE LOS ANDES

Dr. Azael Paz-Aliaga, Director del Centro de Investigación y Desarrollo Científico de la UNSA y Profesor Principal del Departamento de Ciencias Fisiológicas de la Facultad de Medicina.(foto)

En el mundo hay aproximadamente 40 millones de personas que viven en lugares por encima de los 3,000 metros sobre el nivel del mar. En nuestra región, es recién con la llegada de los españoles así como durante la colonia que los habitantes especialmente de los valles andinos, migraron a las grandes alturas para trabajar en la extracción y producción de minerales. Esta actividad condujo con el tiempo a conformar poblaciones tanto de mineros como de otros grupos humanos en el entorno a los yacimientos, constituyéndose grandes ciudades en lugares inhóspitos a lo largo de la cordillera de los andes.

Este nuevo hábitat no solo genero cambios en sus estilos de vida yd e trabajo, sino también en sus organismos ya que a medida que se asciende a la altura, disminuye la presión barométrica produciéndose un proporcional descenso de la presión del oxigeno lo que junto a otros factores como la sequedad del aire, la baja temperatura y otros, exigen una respuesta fisiológica que conduzca a su “adaptación” al nuevo medio. Numerosas investigaciones se han dedicado al estudio de esa “adaptación” del hombre a las grandes alturas. En el Perú, se dio la primera expedición científica a los Andes en 1924, el cual estuvo a  cargo del Dr. Carlos Monge Medrano, quien se trazo como objetivo, determinar los efectos de la altura sobre el organismo humano.

Luego de sus observaciones, el Dr. Monge comunicó a sus alumnos la existencia de un tipo de desadaptación del hombre en las alturas caracterizado por un incremento de las células rojas (eritrocitos) de la sangre. Los resultados de esta “eritremia de la altura” cuyos síntomas desaparecen cuando los enfermos desciende a nivel del mar y reaparecen cuando regresan a sus lugares de origen, fueron publicados en los “Anales de la Facultad de Medicina” de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, así como también en la Academia Nacional de Medicina denominando a la patología como, “La enfermedad de los Andes”. Para ese entonces, los resultados presentados por el maestro y fisiólogo demostraron la gran capacidad física y la normalidad mental de los nativos aparentemente “adaptados” al ambiente de la altura.

La Facultad de Medicina de Paris en 1929 organizó un evento científico, para tratar sobre la “Enfermedad de los Andes” , siendo el Dr. Carlos Monge el invitado de honor. Días después, el Profesor, G.H. Roger, presentó un informe a la Academia Francesa de Medicina, donde exponía que la enfermedad de los andes, también denominada mal de montaña crónico entre otros, del incremento  de la viscosidad de la sangre se manifiesta una clara hipertensión arterial pulmonar  que provoca hipertrofia ventricular derecha. La enfermedad se manifiesta usualmente en adultos a partir de la década de los 40. La ventilación decae con la edad generando en la altura una deficiencia de oxigeno (hipoxemia) que trata de ser corregida con la eritrocitosis. La hipoxemia se cuantifica por medio de la medida de la saturación de oxigeno (cantidad de oxigeno que se combina con la hemoglobina) o por la medida de la presión de oxigeno en la sangre arterial.

De otro lado, el flujo de sangre por minuto, así como la presión capilar pulmonar permanecen normales y, por tanto, no intervienen en el mecanismo de la hipertensión pulmonar.  El ejercicio muscular en la altura determina un incremento de la presión pulmonar de mayor magnitud que a nivel del mar para la misma intensidad de actividad física desarrollada. Carlos Monge (hijo) y Whittemburry José en el año 1982, demostraron que la concentración de células rojas de la sangre, (hematocrito) se incrementaba con la edad en nativos de altura lo que aumentaría la prevalencia del mal de Monge. Además, estos autores señalaron que el aumento del hematocrito es mayor a medida que aumenta la altura.

Estudios realizados en cuerpo carotideo de gato (sensor de la presión de oxígeno en la sangre) por Paz-Aliaga, A. Monge, C. y Whittemburry J en 1978, demostraron que los animales nativos de altura presentan una respuesta atenuada a la hipoxia, sugiriendo una desensibilizacion de los cuerpos carotideos en la altura que podría explicar la etiología del mal de monta crónico.  Arias Stella y Valcárcel en 1976 mostraron que en nativos de altura, la hiperplasia de los cuerpos carotideos  aumenta con la edad, y relacionaron estos cambios con la disminución fisiológica de la ventilación con la edad descrita por SIme y colaboradores en 1975. A pesar de ser difícil separar el rol que juegan los cuerpos carotideos  de aquel que juega el centro respiratorio en el origen de la enfermedad de Monge, la edad parecería estar involucrada en los cambios funcionales y anatómicos descritos en los nativos de altura.

Finalmente, el termino eritrocitosis se refiere al número de glóbulos rojos, reflejado en el hematocrito, y/o concentración de hemoglobina por encima de los valores estadísticos que le corresponden a una determinada altura. En las grandes alturas, la eritrocitosis es siempre fisiológicamente excesiva porque para cualquier altura la concentración arterial de oxigeno aumenta parabólicamente en función de la altura (Monge and Whittemburry, 1982). Lo que trae como consecuencia, que la cantidad de oxígeno en sangre en la altura siempre sea mayor que a nivel del mar.  Es por ello, que cuando un nativo de nivel del mar va a la altura, la caída de la presión arterial de oxigeno hace descender la concentración de oxígeno en sangre. Durante la aclimatación, la hemoglobina aumenta más de lo necesario para corregir el déficit, produciendo una sobre compensación a nivel arterial. Así como de una reducción del volumen plasmático que puede llegar hasta un tercio del volumen normal.