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Huaicos en Arequipa: El por qué

Publicado por:
Oficina Universitaria de Imagen Institucional
Feb 24, 2026
  • Informe técnico de la UNSA desvela las causas del desastre hidrometeorológico de febrero 2026 

Miles de damnificados, decenas de viviendas arrasadas y víctimas mortales: la crisis hidrometeorológica de febrero en Arequipa no fue un azar. Según el informe del doctor Edgard Gonzales Z., investigador de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA), la catástrofe respondió a la convergencia de tres elementos clave: una masa enorme de humedad que llegó desde el Atlántico Tropical Norte, el fenómeno del trasvase andino impulsado por la Alta de Bolivia, y un suelo en la cuenca del río Chili  y Arequipa que ya estaba saturado al 100%. Esta combinación letal transformó las precipitaciones en auténticos huaicos que azotan la ciudad y obligaron a las autoridades a declarar estado de emergencia en la región.

LAS LLUVIAS LLEGARON DE OTRO LADO DE LOS ANDES

A diferencia de los eventos del norte del Perú, aquí la historia es distinta: el agua no bajó desde el Pacífico, sino que vino de oriente. El experto de la UNSA explica que todo comenzó con un calentamiento de 1.2 grados centígrados en el Atlántico Tropical Norte, que generó cantidades masivas de vapor de agua. Luego, el Jet de Niveles Bajos de Sudamérica (SALLJ), que actúa como un verdadero río de aire, canalizó esa humedad hasta la cordillera, empujado por el Anticiclón del Atlántico Sur. El último eslabón fue el sistema anticiclónico conocido como, la Alta de Bolivia, que abrió el paso para que esa masa nubosa cruzara los Andes y se precipitara sobre Arequipa, aprovechando la inestabilidad térmica de la zona.

EL SUELO NO PUDO AGUANTAR MÁS AGUA

No fue solo la intensidad de la lluvia lo que causó el daño: el terreno estaba ya como una esponja llena hasta el tope. El estudio de la UNSA detalla que de los últimos 42 días, llovió en 27 de ellos, hasta que el 18 de febrero el suelo alcanzó su capacidad máxima de absorción. A partir de ese momento, cualquier gota adicional se convirtió en flujo superficial casi de inmediato – el coeficiente de escorrentía se disparó a valores entre 0.80 y 0.90. Es decir: casi todo el agua que cayó se fue directo a las quebradas y ríos, sin filtrarse en el suelo.

LOS DÍAS 19 Y 22: CUANDO TODO COLAPSÓ

Los episodios más destructivos se registraron el 19 y el 22 de febrero, y la diferencia entre ambos muestra cómo la saturación del suelo marcó la pauta, según el análisis de la UNSA. El 19, con una lluvia de hasta 10.4 milímetros por hora y el suelo ya saturado, el caudal del río Chili saltó de 55 a 144 metros cúbicos por segundo, y se activaron las torrenteras Los Incas, Chullo y San Lázaro. Pero el 22 fue aún peor: la lluvia superó los 15 mm/h, el suelo estaba «super-saturado», el río Chili rompió todos los niveles de alerta y la torrentera Chullo sufrió un desborde severo que afectó múltiples sectores de la ciudad.

GUÍA PARA PREVENCIÓN

Para evitar que la historia se repita, el informe de la Universidad Nacional de San Agustín presenta una Matriz de Umbrales Críticos que une dos datos clave: la intensidad de la lluvia y el estado de humedad del suelo (conocido como Condición AMC). Si llueve menos de 8 mm/h y el suelo está seco, es nivel verde – solo monitoreo rutinario. Entre 8 y 15 mm/h con el terreno parcialmente saturado, toca nivel amarillo: vigilancia constante y avisos preventivos. Y cuando la lluvia llega a 15 mm/h o más, o a 10 mm/h con el suelo saturado, se activa el nivel rojo, dándose una alerta temprana y protocolos de emergencia al completo. Para que funcione, los sensores deben ir en las cabeceras de cuenca en Chiguata y Aguada Blanca, que dan entre 30 y 50 minutos de preaviso.

RIESGO SIGUE PRESENTE

Las predicciones no son las más alentadoras: los modelos globales de NOAA y ECMWF calculan una probabilidad del 45% de que en marzo llueva más de lo normal, gracias al calor persistente en el Atlántico. Por su parte, el SENAMHI estima entre 8 y 15 días de lluvia significativa para el mes que viene, y el investigador de la UNSA advierte que la saturación remanente del suelo hace que el potencial de activación de quebradas sea muy alto. Es decir: la ciudad no puede bajar la guardia todavía.

A TOMAR EN CUENTA

El doctor Gonzales de la UNSA deja claro qué medidas son imprescindibles.

Primero: dejar de asociar los riesgos de Arequipa con el Niño Costero del norte y enfocarse en monitorear la Alta de Bolivia y las anomalías térmicas en el Atlántico Tropical Norte.

Segundo: instalar de inmediato estaciones telemétricas en las cabeceras de cuenca – Chiguata y las faldas del Chachani y Misti – que envíen datos cada 5 minutos.

Tercero: hacer obras de emergencia en la torrentera Chullo – ampliar su cauce, reforzar los taludes y limpiarlo completamente – para hacerle frente a los nuevos caudales máximos.

Cuarto: tomar decisiones basadas en datos,  combinar el monitoreo de la lluvia en tiempo real con el seguimiento de la saturación del suelo.


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