Estudiantes agustinos bajo la dirección de la Dra. Roxana Bardales Álvarez, especialista en mejoramiento genético de plantas de la UNSA, realizan investigaciones para entender la genética de dos productos de la región: el rocoto y el maíz morado. Lejos de modificar su esencia, el objetivo es dar a los agricultores mejores herramientas desde sus propios genes.
En el caso del rocoto, el equipo confirmó que el color no define su picor. Su trabajo busca seleccionar los mejores ejemplares por mayor grosor de pulpa, mejor conservación en campo, tamaño y forma uniforme, manteniendo su pungencia (sensación de ardor) característica. Así, el productor obtendrá un fruto de mayor calidad comercial sin perder su esencia.
Con el maíz morado, el punto de partida fue un cruzamiento natural en el campo de un agricultor en la provincia de Cotahuasi. Allí identificaron plantas con mayor intensidad de color y mejor comportamiento en campo. Su meta es obtener variedades más resistentes a plagas y enfermedades, capaces de crecer sin pesticidas, garantizando una producción orgánica segura y de alto valor nutricional.
El material genético se evalúa directamente en campo, registrando características como el número de hileras por mazorca, intensidad de color y vigor de cada planta. Los resultados confirman que existe variabilidad valiosa que los propios agricultores ya venían preservando con su saber.
Ambos proyectos comparten el mismo propósito central: fortalecer lo que ya existe, no reemplazarlo. Se busca mejorar las características que más valoran los productores y el mercado, respetando la identidad de cada cultivo.
“Son los propios estudiantes quienes conducen las selecciones generación tras generación, vinculando el laboratorio con la realidad del campo. El conocimiento se construye paso a paso, en contacto directo con la tierra”, apuntó la docente investigadora.
El objetivo final es claro: devolver al agricultor semillas más fuertes, productivas y confiables, fortalecidos por la ciencia y no transformados por ella.