«Nuestra escuela está creciendo», afirmó con orgullo el Dr. Lolo Mamani Daza, director de la Escuela Profesional de Antropología, al abrir la ceremonia solemne por el LII aniversario en el auditorio Francisco Mostajo. No fue una frase vacía: hoy suman 364 estudiantes, una cifra que confirma que la disciplina sigue siendo necesaria en un país marcado por su diversidad cultural.
Pero el crecimiento también trae exigencias: el director señaló con claridad que la infraestructura ya no responde a las necesidades, que se requieren equipos modernos, fortalecer laboratorios y consolidar el proceso de acreditación internacional. “Queremos crecer en calidad, en investigación, en compromiso social”, subrayó.
La representante estudiantil Diana Paredes Mendieta definió el espíritu de la profesión con una pregunta que guía todo el quehacer: ¿Qué está pasando con las personas? ¿Qué sienten? ¿Qué piensan? ¿Qué recuerdan? Señaló que la antropología no se limita a estudiar la naturaleza, sino a comprender al ser humano en toda su complejidad, a escucharlo, a caminar por sus espacios y a mirar el mundo desde su experiencia. Convocó a no temer al futuro: “No tengan miedo de descubrirlo”, dijo a quienes recién inician el camino. Y dejó una invitación: que quienes hoy celebran dejen una buena respuesta para quienes algún día ocuparán esas mismas aulas.
El secretario general, Mag. Richard Huamán Flores, en representación del rector Dr. Richar Paredes Orue, reflexionó sobre la esencia misma de la disciplina: “Antropología es el estudio del hombre, una tarea compleja y desafiante”. Destacó que el verdadero trabajo del antropólogo no se hace encerrado en un gabinete, sino en el campo, compartiendo la vida de las comunidades. Recordó además la riqueza de las lenguas del Perú -cada una es una forma distinta de ver y contar el mundo- y la relevancia de áreas como la antropología forense, que conjuga saberes para esclarecer la verdad. Su mensaje fue un reconocimiento al valor de la profesión y a quienes la ejercen con rigor y cercanía.
El Dr. Jorge Paredes Rondón, decano de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales, respaldó el crecimiento de la escuela y planteó un reto mayúsculo: prepararse para transformar el conocimiento en acción. “La teoría no está en el aula, tenemos que salir al campo”, afirmó. Anunció la revisión de sílabos para priorizar prácticas reales y el compromiso de gestionar espacios dignos ante el aumento de la matrícula. Subrayó que la antropología no puede aislarse: los desafíos del país exigen miradas multidisciplinarias, trabajo conjunto y una ciencia que dialogue con la realidad. “Tenemos que prepararnos”, concluyó.
Cincuenta y dos años después de su fundación, la Escuela de Antropología demostró hoy que su vocación no ha cambiado: seguir preguntando, escuchando y comprendiendo. Lo que ha cambiado es el compromiso: ahora pide mejores condiciones, más investigación, acreditación y presencia en la vida pública.