Un estudio riguroso presentado esta mañana en el auditorio de la Facultad de Derecho ha puesto sobre la mesa, por primera vez de manera sistemática, el estado real de la Responsabilidad Social Universitaria (RSU) en la institución. Lejos de una simple enumeración de logros, el diagnóstico constituye una radiografía completa que exhibe tanto los avances consolidados como las brechas estructurales que hoy impiden que la RSU se convierta en un eje verdaderamente transversal en la vida universitaria.
El documento, denominado Diagnóstico de Responsabilidad Social Universitaria UNSA 2025, fue presentado por el Dr. Luis Ernesto Cuadros Paz, vicerrector académico y director (e) de Proyección Social y Extensión Cultural, y expuesto por la Dra. Mercedes Neves Murillo, jefa de la Unidad de Responsabilidad Social Universitaria, quien dirigió el trabajo técnico. El estudio responde a la necesidad de contar con una lectura objetiva y basada en evidencia, más allá de opiniones aisladas, especialmente en un contexto de procesos de acreditación institucional. Se sustentó en análisis normativo, encuestas a docentes, estudiantes y personal administrativo, abarcando a vicerrectorados, direcciones y todas las facultades.
Entre los resultados positivos destaca que el 80 % de los estudiantes manifestó una percepción favorable sobre la RSU en la UNSA, reconociendo su compromiso con la formación ética, la gestión ambiental y la vinculación con la sociedad. Asimismo, se constató la existencia de programas consolidados “Universidad Saludable, Gestión Ambiental, Voluntariado Agustino, Gestión de Riesgo de Desastres e iniciativas de inclusión” y de comisiones de RSU funcionando en las facultades. También se evidenció la trayectoria de la UNSA incorporando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) desde 2015.
Sin embargo, el diagnóstico expuso con claridad brechas que comprometen su sostenibilidad y proyección: la UNSA no cuenta aún con una Política Institucional de RSU explícita y rectora, lo que provoca dispersión normativa y falta de transversalidad real en la currícula y la investigación. Además, la asignación presupuestal para actividades de responsabilidad social se ha reducido al 70 % del monto asignado anteriormente, y las facultades carecen de recursos propios destinados a este fin. A ello se suma la ausencia de indicadores estandarizados de impacto, lo que hace que muchas actividades reportadas no respondan al concepto riguroso de RSU, sino a acciones aisladas o simbólicas.
El estudio concluye que la UNSA ha superado con éxito una etapa inicial de avances y sensibilización, pero que hoy se requiere dar un salto cualitativo hacia un modelo estratégico institucional. Este nuevo enfoque debe contemplar: la aprobación de la política rectora, la integración efectiva de la RSU en la formación, la investigación y la gestión, la asignación presupuestal garantizada, y sistemas de medición de impacto que reemplacen el mero recuento de actividades. Solo así, se señala, la responsabilidad social dejará de depender de iniciativas aisladas o buena voluntad para convertirse en una característica inherente y estructural de la universidad.
La presentación contó con la participación de la Ing. Gisella Zúñiga Moreno y la Abg. Dina Torres Choque, y se desarrolló ante docentes y personal de las distintas dependencias universitarias. Las conclusiones y rutas estratégicas trazadas en el diagnóstico marcarán la hoja de ruta para la consolidación de la responsabilidad social universitaria en la UNSA hacia el 2030.